SED
Tenía sed aquella calurosa mañana de verano. Se tomó un zumo de tomate que encontró hibernando en la nevera; pero seguía teniendo sed.
Pronto se dió cuenta de que ningún líquido refrescante le saciaría aquella insoportable sensación de aridez espiritual. Por su boca salía el humo de mil cigarros fumados en tugurios que solo conseguían disimular su débil forma de ser, estar y padecer.
Se sentía sola y nada podía saciar su ansia de felicidad. Solo aquella última copa se la dió. Solo aquel elixir le dejó un bouquet en el paladar diferente al del semen en el que se perdía cotidianamente. Solo el cianuro consiguió hacerla feliz y saciar su sed.
Pronto se dió cuenta de que ningún líquido refrescante le saciaría aquella insoportable sensación de aridez espiritual. Por su boca salía el humo de mil cigarros fumados en tugurios que solo conseguían disimular su débil forma de ser, estar y padecer.
Se sentía sola y nada podía saciar su ansia de felicidad. Solo aquella última copa se la dió. Solo aquel elixir le dejó un bouquet en el paladar diferente al del semen en el que se perdía cotidianamente. Solo el cianuro consiguió hacerla feliz y saciar su sed.





