SALIDA A LAS 15:00
Hoy es martes, 24 de enero de 1956.
Se apagó la luz de su cara al verlo montar en aquel tren a ninguna parte. Se le vinieron a la mente todas aquellas noches de amor desmesurado al pie de aquella chimenea francesa que presenciaba sus encuentros con un disimulo que rozaba lo inglés. Cuando escucho el silbido del revisor pronto se dió cuenta de la tragedia que se le avecinaba. La soledad estaba formando filas para realizar un envite demoledor directo al corazón de Malena.
El tren echó a andar sin preguntarle a nadie si podía hacerlo. Vive Dios que si se lo preguntasen a la dulce Malena ese tren no se mueve un ápice del andén número ocho. El humo que desprendía era negro como su futuro sin Torsten.
Comenzó a llorar y todos los planetas se aliniaron para contemplar tanta belleza junta en esas lágrimas adolescentes, llenas de pasión y desespero del que sólo sabe amar a ráfagas.
Alguien le tapó los ojos y le dijo al oído:
No me podía ir sin pasar mil años más contigo.
Se apagó la luz de su cara al verlo montar en aquel tren a ninguna parte. Se le vinieron a la mente todas aquellas noches de amor desmesurado al pie de aquella chimenea francesa que presenciaba sus encuentros con un disimulo que rozaba lo inglés. Cuando escucho el silbido del revisor pronto se dió cuenta de la tragedia que se le avecinaba. La soledad estaba formando filas para realizar un envite demoledor directo al corazón de Malena.
El tren echó a andar sin preguntarle a nadie si podía hacerlo. Vive Dios que si se lo preguntasen a la dulce Malena ese tren no se mueve un ápice del andén número ocho. El humo que desprendía era negro como su futuro sin Torsten.
Comenzó a llorar y todos los planetas se aliniaron para contemplar tanta belleza junta en esas lágrimas adolescentes, llenas de pasión y desespero del que sólo sabe amar a ráfagas.
Alguien le tapó los ojos y le dijo al oído:
No me podía ir sin pasar mil años más contigo.
Comentario:
por algo los recuerdos son como nuestra tercera dimensión.





