LA TIERRA SIN MAL. Crónica hispana del siglo XVII en forma de novela.
Jesús Sánchez Adalid no tiene una historia que contar en este libro y sí una interesante crónica general de la época y específica de las reducciones jesuísticas de Paraguay, por tanto, podría haberse decidido por un ensayo en toda regla, pero no, optó por la novela, y así el libro se resiente de una estructura forzada que no le corresponde, a pesar de que su prosa explícita y sobria resulta casi en todo momento plácida.
Y si el autor elige la novela en vez del ensayo será acaso porque este formato le seduce más que el otro y para aporvechar el tirón de su anterior y exitosa novela EL MOZÁRABE ( 2001 ). Estamos ante una moda, el de la novela histórica, comprensible: a muchos les gusta adentrarse con un cierto rigor en los conocimientos de una época determinada de la mano de una trama que les haga como de guía turístico amable y complaciente por los escenarios de la Historia. Por tanto, tal vez, esa trama o argumento o, en sí, novela, es lo de menos; si el guía se limita a hacer su trabajo y punto, tampoco vamos a exigirle concesiones extras de tipo literario. Este es el caso de LA TIERRA SIN MAL ( 2003 ), donde el inicio de algunos capítulos resulta en exceso repetitivo, una descripción de lugar con los mismos ingredientes cada vez: la materialidad del paisaje sumida en las leyes de la naturaleza y el clima, como escenario propicio por donde empezarán a deambular al momento los personajes. Los diálogos, bastante abundantes, tienen un cariz teatral que les resta naturalidad y por tanto credibilidad. Y el argumento flojea precisamente por estar supeditado al escenario histórico, que prevalece por regla general.
Para encarnar los contrastes y conflictos entre actitudes e intereses que confluyeron y al fin arruinaron las misiones que los jesuitas implantaron en tierras inhóspitas de Paraguay con un espíritu francamente encomiable respecto a sus semejantes, los indios guaraníes de aquellas regiones, Sánchez Adalid nos presenta en sus respectivos ámbitos españoles dos personajes protagonistas que más tarde partirán hacia América con unos ideales opuestos: Tomás Llera, el joven e ingenuo soldado aventurero en busca de gloria y fortuna a cualquier precio, y Enrique Madrigal, misionero comprometido con la defensa de los indígenas explotados en Índias. De este modo aprovecha el autor las peripecias primero por separado de tales personajes para ir desmenuzando la bien documentada crónica de principios del siglo XVII en una España muy orientada hacia el Imperio consolidado ya en América. Una crónica amplia, rica y veraz que transcurre por muy diferentes escenarios, como la Sevilla gran capital del mundo Hispano, el Madrid de los Austrias o la Salamanca universitaria. Pero una crónica también limitada y parcial, pues, por ejemplo, omite en todo momento cualquier referencia a la Inquisición, que causaba estragos con su locura y sinrazón entre muchos pobres desgraciados siempre inocentes. Más adelante la crónica prosigue recreándose acompañando a los dos mencionados personajes en su viaje hacia América y ya en el continente con sus aventuras y desventuras por el Brasil y Paraguay.
Pero donde hace hincapié el autor es en la descripción de las llamadas reducciones de los jesuitas, unas misiones implantadas con sacrificio extremo en lugares recónditos de las selvas, donde en nombre del cristianismo y la evangelización mejor entendidos, se daba amparo y refugio a los índios del lugar protegiéndoles primeramente de las expediciones que se organizaban para hacerles presos y esclavizarlos. En una sociedad como la de la época en sudamérica, tan esclavista y explotadora, esas comunidades organizadas por unos cuantos monjes idealistas y obstinados en sus buenas intenciones, resultaban unos idílicos oasis de fraternidad en medio de tantos abusos y crueldades. La convivencia se basaba en el respeto mutuo, en la condición igualitaria entre las personas y el trabajo comunitario, en la confluencia de creencias religiosas y míticas de diferentes culturas en torno a los iconos y tradiciones del cristianismo, asimilando cultos sin imposiciones ni docmatismos severos. Además se adoctrinaba a los índios en las tareas de agricultura y ganadería y demás oficios prácticos, como en las artes y artesanías, y para tal fin eran enviados expresamente a las misiones también algunos laicos de buena voluntad, maestros en distintas disciplinas como la talla, la pintura, la construcción de instrumenos musicales y especialmente el canto y la música, a la cual los guaraníes se aficionaban con gran devoción y demostrando buenas aptitudes.
Jesús Sánchez Adalid ( en la foto firmando ejemplares de LA TIERRA SIN MAL ) nació en 1962, que no es un año cualquiera, en Villanueva de la Sierra ( Badajoz ).
Estudió Derecho, se hizo juez y ejerció este trascendente cargo dos años, hasta que se pasó a los asuntos del Señor, estudió Teología, Derecho Canónico y se hizo cura. Entre su obra anterior destaca la novela EL MOZÁRABE ( 2001 ). Recientemente acaba de publicar su última novela EL CAUTIVO ( 2005 ), también, cómo no, histórica. Para escribir LA TIERRA SIN MAL, Sánchez Adalid realizó una labor exhaustiva de investigación viajando a los escenarios principales de su obra y revisando archivos y publicaciones de la época que relata, como no puede ser de otro modo.

Portada de la novela, de Ediciones B, s.a. 2003. Autor: Jesús Sánchez Adalid. La bonita y dramática ilustración de la cubierta corresponde a un Mural de Diego Rivera titulado: Llegada de los españoles a Veracruz, pintado en 1951, que se expone en el Palacio Nacional de México, en donde se aprecia la tremenda explotación de los naturales de las Índias por parte de los conquistadores.
Y si el autor elige la novela en vez del ensayo será acaso porque este formato le seduce más que el otro y para aporvechar el tirón de su anterior y exitosa novela EL MOZÁRABE ( 2001 ). Estamos ante una moda, el de la novela histórica, comprensible: a muchos les gusta adentrarse con un cierto rigor en los conocimientos de una época determinada de la mano de una trama que les haga como de guía turístico amable y complaciente por los escenarios de la Historia. Por tanto, tal vez, esa trama o argumento o, en sí, novela, es lo de menos; si el guía se limita a hacer su trabajo y punto, tampoco vamos a exigirle concesiones extras de tipo literario. Este es el caso de LA TIERRA SIN MAL ( 2003 ), donde el inicio de algunos capítulos resulta en exceso repetitivo, una descripción de lugar con los mismos ingredientes cada vez: la materialidad del paisaje sumida en las leyes de la naturaleza y el clima, como escenario propicio por donde empezarán a deambular al momento los personajes. Los diálogos, bastante abundantes, tienen un cariz teatral que les resta naturalidad y por tanto credibilidad. Y el argumento flojea precisamente por estar supeditado al escenario histórico, que prevalece por regla general.
Para encarnar los contrastes y conflictos entre actitudes e intereses que confluyeron y al fin arruinaron las misiones que los jesuitas implantaron en tierras inhóspitas de Paraguay con un espíritu francamente encomiable respecto a sus semejantes, los indios guaraníes de aquellas regiones, Sánchez Adalid nos presenta en sus respectivos ámbitos españoles dos personajes protagonistas que más tarde partirán hacia América con unos ideales opuestos: Tomás Llera, el joven e ingenuo soldado aventurero en busca de gloria y fortuna a cualquier precio, y Enrique Madrigal, misionero comprometido con la defensa de los indígenas explotados en Índias. De este modo aprovecha el autor las peripecias primero por separado de tales personajes para ir desmenuzando la bien documentada crónica de principios del siglo XVII en una España muy orientada hacia el Imperio consolidado ya en América. Una crónica amplia, rica y veraz que transcurre por muy diferentes escenarios, como la Sevilla gran capital del mundo Hispano, el Madrid de los Austrias o la Salamanca universitaria. Pero una crónica también limitada y parcial, pues, por ejemplo, omite en todo momento cualquier referencia a la Inquisición, que causaba estragos con su locura y sinrazón entre muchos pobres desgraciados siempre inocentes. Más adelante la crónica prosigue recreándose acompañando a los dos mencionados personajes en su viaje hacia América y ya en el continente con sus aventuras y desventuras por el Brasil y Paraguay.
Pero donde hace hincapié el autor es en la descripción de las llamadas reducciones de los jesuitas, unas misiones implantadas con sacrificio extremo en lugares recónditos de las selvas, donde en nombre del cristianismo y la evangelización mejor entendidos, se daba amparo y refugio a los índios del lugar protegiéndoles primeramente de las expediciones que se organizaban para hacerles presos y esclavizarlos. En una sociedad como la de la época en sudamérica, tan esclavista y explotadora, esas comunidades organizadas por unos cuantos monjes idealistas y obstinados en sus buenas intenciones, resultaban unos idílicos oasis de fraternidad en medio de tantos abusos y crueldades. La convivencia se basaba en el respeto mutuo, en la condición igualitaria entre las personas y el trabajo comunitario, en la confluencia de creencias religiosas y míticas de diferentes culturas en torno a los iconos y tradiciones del cristianismo, asimilando cultos sin imposiciones ni docmatismos severos. Además se adoctrinaba a los índios en las tareas de agricultura y ganadería y demás oficios prácticos, como en las artes y artesanías, y para tal fin eran enviados expresamente a las misiones también algunos laicos de buena voluntad, maestros en distintas disciplinas como la talla, la pintura, la construcción de instrumenos musicales y especialmente el canto y la música, a la cual los guaraníes se aficionaban con gran devoción y demostrando buenas aptitudes.
Jesús Sánchez Adalid ( en la foto firmando ejemplares de LA TIERRA SIN MAL ) nació en 1962, que no es un año cualquiera, en Villanueva de la Sierra ( Badajoz ).
Estudió Derecho, se hizo juez y ejerció este trascendente cargo dos años, hasta que se pasó a los asuntos del Señor, estudió Teología, Derecho Canónico y se hizo cura. Entre su obra anterior destaca la novela EL MOZÁRABE ( 2001 ). Recientemente acaba de publicar su última novela EL CAUTIVO ( 2005 ), también, cómo no, histórica. Para escribir LA TIERRA SIN MAL, Sánchez Adalid realizó una labor exhaustiva de investigación viajando a los escenarios principales de su obra y revisando archivos y publicaciones de la época que relata, como no puede ser de otro modo.
Portada de la novela, de Ediciones B, s.a. 2003. Autor: Jesús Sánchez Adalid. La bonita y dramática ilustración de la cubierta corresponde a un Mural de Diego Rivera titulado: Llegada de los españoles a Veracruz, pintado en 1951, que se expone en el Palacio Nacional de México, en donde se aprecia la tremenda explotación de los naturales de las Índias por parte de los conquistadores.